Reseñas

Amleth y los relatos humanos de lo indecible

Amleth y los relatos humanos de lo indecible

Por Gustavo Rádice*

“Voces distantes, tristezas cercanas.
Ésas son las voces y éstos son los muertos
que hemos enviado como mensajeros,
para conducirnos al sueño.”
Hannah Arendt
(Fragmento del poema W.B. [Walter Benjamin] -1942)

 

Ir a ver una obra dirigida por Omar Sánchez es retrotraer el tiempo y recordar memorables puestas como “Tragedia de una Familia Guaranga”, “Fuenteovejuna 1476”, “El pelicano”, “Tristes vacas” y tantas producciones que han marcado el camino estético del teatro platense y de las cual he sido testigo. Es imposible entrar a Saverio a ver “Amleth” sin la historia teatral de Omar Sánchez a cuesta.
En “Amleth” los límites difusos de lo vivencial, lo empático y lo ominoso vuelven a estar presente. Sin dudas “Amleth” es una actualización, no solo del drama Shakesperiano, sino también es una nueva puerta estética que se abre en la producción de Omar Sánchez. De primera instancia uno puede establecer un hipervínculo con la puesta de “Tragedia de una familia guaranga” -un puente hacia la década de 1980- y así apreciar como Omar Sánchez actualiza su propia estética, y aquello que en “Tragedia de una familia guaranga” rondaba lo fantasmal y lo grotesco en Amleth se vuelve abismal e indecible. Los tres actores en escena se erigen, de manera sólida, como la representación de aquello que está ausente y que solo habita en la mente, que solo mora en lo más recóndito del alma de las personas. ¿Qué pasaría si vamos más allá del límite? ¿Por qué no traspasar los mandatos teatrales y sumergirse en el abismo liminal? ¿Por qué no atreverse a exponer de manera descarnada el mundo de violencia al que estamos rodeados? El axioma de que aquellos pensamientos que son puestos en palabras desaparecen se transformaría en una pregunta ¿todo pensamiento que se transforma en imagen pierde efectividad? Todas son preguntas que resuenan al ver la obra. Omar Sánchez se atreve a que lo abismal ronde por el aire y quede expuesto a la mirada de los espectadores; en una constate contradicción exijo más de lo descarnado, empujar más al límite, pero también me pregunto cuanto más se puede resistir, y siempre retorna la misma pregunta ¿cuánto puede un cuerpo?. En un camino inverso al despojamiento visual, “Amleth” nos enfrenta a un mundo plagado de tinieblas que esfuma los límites del espíritu, y donde el horizonte de lo racional se diluye en palabras, en discursos y diálogos, en donde lo impronunciable busca el camino para ser enunciado. El camino de la violencia nunca puede terminar bien, el camino del dolor solo conlleva más dolor, el arrepentimiento no forma parte de las excusas para dejarse someter, es así que, alejado de la moraleja y la falsa moral, Omar Sánchez expone a los ojos del espectador aquello que permanece invisibilizado.
Sobre una puesta en escena minuciosa y poderosa, que se complementa con la fuerza visual del vestuario, maquillaje y demás elementos técnicos, “Amleth” se erige sobre la propia historia teatral de Omar Sánchez y se atreve a mostrar una nueva faceta del director.
Mención aparte merecen el trabajo de Ana Sargentoni (diseño de maquillaje) y de Analía Seghezza (diseño de vestuario), que logran plasmar estéticamente con gran maestría el mundo indecible al que Omar Sánchez sumerge al espectador. El uso del color, de las formas y las texturas construyen el cuadro visual del “Amleth” dirigido por Omar Sánchez.
Es así que, las barreras conceptuales que definen lo que puede considerarse teatro y lo que no, muchas veces son difusas para el ojo ignoto de quien intenta acercarse a comprender las relaciones que se ponen en juego en las producciones teatrales. Intentar entender al teatro como una transposición mecánica de la realidad termina por quitarle a muchas experiencias escénicas su sentido de lenguaje propio, y en cierto punto de constructoras de realidades e irrealidades, y de posibles otros. A veces no es apropiado, pero no imposible, trasladar lo que puede decir una imagen a palabras y viceversa; ya que los códigos de cada lenguaje tienen sus propias reglas y, por ende, su representación mental varía de acuerdo al sentido por el cual es percibido.
“Amleth” nos habla de nosotros, de nuestro pasado, de nuestro presente y también especula sobre nuestros futuro; pero a su vez oculta y encierra lo no dicho. Lo que no se representa también está representado por omisión. Si bien no se visualiza de manera concreta está presente por negación, lo que es visible en una imagen nos permite especular sobre lo que está ausente. Parafraseando a Marta Zátonyi, es de esta manera que el teatro debido a su esencia simbólica, su lenguaje nos habla sobre aquello que no hay pero podría haber, porque en las fronteras de su mundo, en los límites de las palabras, el artista decide crea. Cuando el artista decide traspasar el umbral de lo moralmente permitido para mostrar y visibilizar aquello que la sociedad excluye, se acerca al límite quebrantando el statu quo y repercutiendo sobre las ideas preconcebidas de la ética y la moral.

 

Ficha Técnica:
Andrés Cepeda: Amleth
Mauricio Rodríguez: Narrador/Gerutha/Saxo
Alejandro Santucci: Padre/Feng/Esclava
Diseño de Maquillaje: Ana Sargentoni
Realización de Muñeca: Pablo Medina- Sergio Gómez
Diseño de Vestuario: Analía Seghezza
Música: Alejandro Santucci
Diseño de Luces, realización multimedia, DCV y asistencia técnica: MATE
Producción Ejecutiva: La Maquinaria Teatro
Dirección: Omar Sánchez

 

*Gustavo Rádice es investigador en la Facultad de Bellas Artes de la UNLP. Actualmente se dedica a profundizar en la historia del teatro platense.

admin

febrero 20th, 2016

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