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Aterrizajes forzosos

Aterrizajes forzosos

-Sobre AÚRA Festival de Artes Escénicas (8, 9, 10 y 11 de Diciembre en La Plata)-
por Diana Rogovsky

Hace poco escuché la teoría de Beto Quevedo, sociólogo, teórico de la cultura y Director de FLACSO Argentina, entre otras cartas de presentación. La del plato volador y la vereda de enfrente. La expone en un libro del MEC (Uruguay) pero además la explicó en una clase a la que asistí. Les recomiendo mucho que la lean. Yo acá no me voy a extender, pero es así, más o menos:
A veces se piensan las políticas culturales como platos voladores que bajan con sus cosas y no tienen porque construir una relación con la vereda de enfrente.
Hay algo de eso que siempre queda como que nos vienen a educar a nosotros, bárbaros diría Sarmiento o los antiguos romanos, quién sabe, con las verdades del arte (generalmente construidas en otras latitudes y no cualesquiera de ellas, sino que son las que son mejores, por supuesto, por hache, por be, por jota o por ká, que nuestros localismos o provincianismo y demás).
Aclaro desde ya que no defiendo para nada el provincianismo ni el color local ni nada que se le parezca, a esta altura de la soirée parece una ridiculez, prácticamente. Ni mucho menos la falta de profesionalismo o reflexión en las propias prácticas y gestiones artísticas.
Bueno, entonces, en nombre del prestigio que otorgan ciertos premios, circuitos, festivales y tales cosas por los que las producciones han pasado, o porque son gente de la televisión o conectada con agencias de publicidad y/o prensa que la mueven, se arman las programaciones.
Por supuesto no digo que esto ocurra en todos los casos de gestión de políticas culturales, para nada. Pero es una lógica que creo las lectoras y lectores enseguida podrán reconocer.
Todavía las incorporaciones que nos trajo la contracultura, por nombrar un gesto importante del siglo XX, no se integraron a estos diseños -o lo han hecho fragmentaria, parcialmente, según se observa-. Y más o menos así marcha la cosa. Pero como dice Mario Levrero al Sr. Guggenheim, también las carreras artísticas son cosas de políticas, agendas y demandas subjetivas, como todo lo demás, ¿no?
Entonces acontece que no se produce un estudio territorial, análisis de públicos, formación de espectadores, investigación de satisfacciones cumplidas o no y bueno. Pareciera nomás que algunos se dan unas vueltitas por el lado salvaje y luego retornan a sus hogares.
Lo hemos vivido muchas veces como una cosa desarticulada, con efectos erráticos, no evaluada.

AÚRA fue todo lo contrario al plato volador y la negación de la vereda de enfrente.
Anclado en territorio, profesional, de impecable producción, arriesgado, diverso, popular, divertido, colaborativo, co-gestionado.
Lluevan las rosas para ellxs.
Una fiesta para el ojo, el encuentro y el intelecto (por ejemplo, el mío que no puede parar de pensar en cómo se hacen las cosas y en si están saliendo bien).
Es una enorme alegría esta gente, artistas y gestores que hacen y dejan huellas con un nivel de reflexión y acción que te la voglio dire.
Que sigan los eventos así, que cuenten con el apoyo en logística, financiamiento y comunicación que realmente se merecen, para que no sea una patriada irrepetible.
¡Aplausos!

admin

enero 25th, 2017

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