Reseñas

EN BUSCA DEL TIEMPO PERDIDO

EN BUSCA DEL TIEMPO PERDIDO

por Diana Rogovsky

 

Una reflexión a partir de Bocetos para una Coda de Carolina Donnantuoni, Siempre del Colectivo Siempre y Re-dirigida de Iván Haidar y Soledad Pérez TranmarEN BUSCA DEL TIEMPO PERDIDO

Estas tres obras de danza, danza teatro, performance, categorías mestizas y lindantes vistas en los últimos meses en espacios institucionales de la ciudad de La Plata (Centro Universitario de Arte, Museo Provincial de Bellas Artes Emilio Pettoruti y Sala Discépolo de la Comedia de la Provincia de Buenos Aires) comparten un mismo recurso/dispositivo de construcción: mientras la obra se desarrolla ante nuestras presencias físicas en la sala se reproduce un video de la misma obra o alguna de sus partes filmado anteriormente.

En Bocetos el video proviene de una versión de algunos años atrás en otro espacio escénico (parece Espacio 44, teatro de la ciudad, o quizás sea en donde vi esa obra anteriormente y eso me hace pensar en que ese fuera el espacio del video). El video se ve lateralmente, en algunas escenas, no en todas ni completo -si la memoria no me traiciona- superpuesto a algunas secciones de la obra que continúa. Las performers cambian de frente en algunas de estas partes, modificando la relación con la proyección.

En Siempre el video es el de la obra completa, registrado trece años antes en el patio, pasillo y terrazas de la Facultad de Bellas Artes con los músicos en vivo, además de las bailarinas, realizado para la ocasión del cumplimiento de los Treinta años del Golpe Cívico MIlitar. Se ve por detrás de las performers en esta oportunidad, proyectándose completo y sobre sus cuerpos además de sobre los paneles del fondo donde están a su vez las imágenes que componen parte de la muestra homenaje a Chicha Mariani que enmarca el evento actual. Aporta el sonido, registro de la pieza musical que ocurre simultáneamente a la presentación de la coreografía, una vez concluida la primera escena en la que hay un poema dicho en vivo por una de las intérpretes.

En Re-dirigida el video es filmado ese mismo día, pocos momentos antes del preciso momento en que lo vemos, en tres escanciones de la obra y se reproduce a posteriori de ser tomado con el Iphone que vemos durante toda la presentación al costado derecho del escenario, encima del mismo. Este mecanismo de alternar performance filmada y vista del video comentada que se repite, opera como constructor del discurso que se va desarrollando en las sucesivas escenas. Se va produciendo así una acumulación y deriva de sentidos posibles, así como una modificación del espacio escénico que involucra al escenario, la proyección, la propia platea y al público que queda incluido en el video y por la performer.

Cada una de estas tres obras más luego se despliega en líneas diferentes: dos de ellas viran hacia la comedia, la desfachatez, la otra hacia el homenaje, el monumento conmemorativo.

Dos de ellas toman músicas masivas, del circuito popular o comercial en un gesto de apropiación pop (tangos, cumbias, canciones melódicas, rock en inglés) otra hacia la música contemporánea compuesta para la ocasión incluyendo un uso vocal de corte lírico/académico que refuerza el aspecto de requiem del trabajo.

En dos de ellas aparece un recurso a lo lúdico, una construcción de personaje/s femenino/s seductor/es o seducidas, una cuota de locura incluso que divierte e interpela en su remisión a caracteres arquetípicos de los que seguramente hemos tenido representantes en nuestras intimidades conocidos por todos/as. (¿Quién no tiene o tuvo una tía, niñera o abuela,  que cantara apasionada o contara desgraciados avatares amorosos en tono risible, viera la novela; quién no tuvo un maestro o maestra de danza o teatro que nos hiciera devoluciones que nos devanábamos los sesos por comprender y aplicar, quién no tuvo cerca personas que se ubicaran en lugares de dominación, manipulación, sadismo, disparate o seducción irrefrenable?

Podría continuar con este análisis, sin embargo, lo que me motiva escribir es otra cosa.

Por una parte quiero señalar una recurrencia en diferentes producciones artísticas actuales que se comparte con estas obras: el uso del registro y del archivo. Este gesto se encuentra muy presente en museos, escenarios, pantallas. Tiene en común con la ciencia la pasión por la documentación, el acopio de datos y la lectura interpretativa de las experiencias. En el caso del arte, en vez de cerrar sentidos pueden abrirse, contaminarse, contradecirse, reproducirse, una vez dada esta arqueología del hacer. Como dice Boris Groys en Volverse Público,  el museo mismo es hoy una puesta en escena, una teatralización envolvente que presenta obras e interpretaciones, textos descriptivos o narrativos que se presentan junto con y a la vez que la experiencia sensible que proponen las obras. Incluso para algunos de los visitantes estas palabras escritas o reproducidas por audio pueden contener, explicar, incluir ante las “rarezas” del arte contemporáneo que puede llegar a resultar desconcertante en su derrotero por caminos diferentes a los de los medios masivos o las obras conocidas por los públicos mayoritarios.

También la pasión por el registro y el archivo es hoy masiva, en el sentido de las redes sociales. Es sabido que se producen más videos de los que se miran y de los que se podrían llegar a mirar. Se suben a Youtube y otras plataformas tantos minutos que sería materialmente imposible que fueran vistos, en caso de que alguien se interesara por ello. También esto nos permite rastrear, saber, donde estan las otras personas, donde dijeron que irían, que les gusta o les interesa o ver sus fotos, textos, declaraciones registradas por la red desde hace ya unos cuantos años. Podemos espiar vidas de personas que quizás nunca veremos más que en la red. Puede que esto nos otorgue incluso cierta tranquilidad junto con una enorme ansiedad respecto del piel a piel, el cuerpeo directo que la alteridad nos produce. Hasta acontece que nos deja a veces con miedo, voracidad o desasosiego, con la posibilidad de banalizar y cosificar a las personas como si fueran sólo un dibujo, una silueta bidimensional. Pero esto es ya otro cantar.

La otra cosa que me llevaron a pensar las obras y estas asociaciones y reflexiones es acerca el deseo de detener, de capturar, de agarrar, frenar, mirar de nuevo el tiempo que corre y corre. ¿Quién baila en la pantalla es la misma que está ahí “en vivo”? ¿Por qué? ¿Quién comenta lo que ve es la misma que bailó antes? Y yo, que al espectar comparo ambos derroteros soy la misma o cambio todo el tiempo? ¿Hay algo que sea idéntico a sí mismo, hay historia, determinaciones?¿Hasta donde puedo predecir, saber, imaginar futuros posibles? Se presenta a consecuencia el tópico de la división subjetiva, el desdoblamiento, mirarse en un espejo, escindirse. Se presenta porque se lo atraviesa, se lo vive en estas obras. Por ende, emergen nuevas preguntas: ¿Cuál es el lugar de la melancolía en nuestras vidas, el lugar de la aventura, el lugar de la comedia y el homenaje?¿Cómo afrontamos nuestra caducidad?

Pegando la vuelta me acordé de Parménides y Heraćlito que ya se preguntaban por la naturaleza de la experiencia temporal. Y ni hablar de Marcel Proust que con su libro En busca del tiempo perdido a lo largo de siete largos tomos, envuelve, devuelve y revuelve todos estas superposiciones, escanciones e interrupciones a las que aludo débilmente.

Todo esto me invitaron a pensar y sentir estas obras.¡Gracias queridxs artistas!

admin

junio 7th, 2019

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