Reseñas

Lo imprevisto

Lo imprevisto

Sobre “Improvisando noches”

por Casper Uncal

“Señor, nunca me des lo que te pida.
Me encanta lo imprevisto, lo que baja
de tus rubias estrellas, que la vida
me presente de golpe la baraja
con la que he de jugar”
Lo Imprevisto, Conrado Nale Roxlo

De pronto llega el domingo a la noche, y uno no tiene un plan trazado. Suena coherente entonces apelar a lo espontáneo, yendo a ver un espectáculo de improvisación.
Los improvisadores son los “mercenarios” de la escena platense, los que se mandan a ganar espacios sin muchas pretensiones, “a la que te criaste”, variando constantemente sus compañías y sumando artistas en cada encuentro. El territorio invadido esta vez es La Grieta, espacio cultural de 18 y 71, la más reciente base de operaciones de los “condottieri” Ruy López y Matías Lausada. Es la tercera fecha de su ciclo “Improvisando noches”, y con algunos títulos pedidos al público ya pueden comenzar.
No están solos: en esta fecha cuentan con improvisadores invitados de la talla de René Mantiñán y del excelso porteño Gonzalo Klein, ambos de la rama más física de la impro (maestros en técnicas de mimo, danza, clown, etc.). En otras disciplinas: Delfina Plácido aporta su batería, Martín Olier ilustra, Pali Massaccesi ilumina y José Lombardo escribe. Todas composiciones realizadas en el momento, ante los ojos del espectador.
El encuentro comienza, notamos, sin entenderse mucho, la propuesta llega a ser muy pretenciosa: aunque los platillos y tambores logran acompañar las acciones, generar climas y reforzar remates, las escenas de la primera improvisación dejan numerosos cabos sueltos. Los actores repentistas no llegan a definir mucho los vínculos e historias de algunos personajes principales. No hay que desesperarse por eso: en los sucesivos microrrelatos, volverán a aparecer los personajes preferidos, las frases instauradas, ciertos gestos, actitudes, objetos imaginarios que, al reutilizarse, se resignifican y crean, en los intérpretes entre sí y entre ellos y su público, la complicidad de participar de historias absolutamente irrepetibles. Los que son amigos en el bar y enemigos en el taller, las viejas amargadas del club de Bidge, la terrible Miriam… cada elemento se profundiza hasta el absurdo, hasta que la narración no importa, hasta que el relato sea una excusa para aprovechar los códigos que se crean y caducan esa noche.
Cada bloque, de los cinco que hubo, finaliza con una composición literaria de Lombrado (textos barrocos y simbolistas, muy poéticos en el sentido clásico) que recita, con una declamación de ritmo casi escolar, los sucesos vistos en escena según su mirada decimonónica. Al final de la noche Olier devela (y sortea) el cuadro que ha pintado, donde quedan ilustrados los rostros de los personajes más pregnantes.
La improvisación no es sólo hacer chistes de Perón y usar el brazo como un enorme miembro viril, recursos tan comunes en el rubro: es un placer ver una sala llena de gente que pide más elaboración, y que la consigue.

Improvisando Noches
30/8 – 21hs. – Galpón de La Grieta (18 y 71)

admin

agosto 3rd, 2015

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