Reseñas

Notas sobre Inhumanas soplan mujeres

Notas sobre Inhumanas soplan mujeres

Por Elizabeth Arce
Como un ejercicio irreprimible, casi escolar diría, empezás a preguntarte por el título. Después
de los aplausos del final del estreno alguien interroga al director sobre “eso que no se entiende”.
Divertido, Radice refiere la anécdota de la inscripción de la obra en Argentores, inscripción que
tiene que tener la marca de la originalidad. –“Inhumanas” ya estaba- cuenta- le agregué “soplan
mujeres” porque quería que se acuerden de “inhumanas”. Imagino, entonces, a un Radice
replicando el gesto del artista que asevera que el lenguaje no alcanza, que no comunica, a menos
que lo rompas, lo estalles. “Soplar” como verbo transitivo requiere de dos argumentos: sujeto que
realice la acción, antepuesto al verbo, y objeto sobre el que recae la acción. Si lo pensamos como
intransitivo, lo que se espera es que el sujeto vaya adelante y no esté separado el núcleo de su
modificador. La agramaticalidad te obliga a decidir.
Por un lado tenemos el archivo de la cultura, la enciclopedia, el relato en tercera persona sobre
vida, producción y muerte de Olga Orozco, Pina Bausch, Margarite Youcenar, Alejandra Pizarnik,
Virginia Woolf y Alfonsina Storni. Y por otro lado está el legado de sus obras, sus textos, los que
decidieron publicar y los otros.
Parecería una fórmula sencilla: tres actrices; una pantalla arriba, atrás, como un tríptico, sobre la
que se proyectan imágenes (algunas “deliciosamente imperfectas”, escuché decir por ahí); la
materia dramática subtitulada en cinco partes enunciadas con una voz en off ; la cita , la textual y
la dramática, la que aparece abajo actuada, dicha, y la que aparece arriba, que leemos; lo
simultáneo, la superposición, la inclusión de los momentos del ensayo o del caldeamiento de las
actrices.
Nada más humano que el dolor, la enfermedad y la muerte. Se cuentan estos soplos, semillas,
exhalaciones tenues o violentas, de estas mujeres cuyo tremendo arte torna inhumanas. Al
promediar la obra la pantalla se divide en dos. También mientras algo brota, se reproduce o
prolifera a borbotones, incontenible, una pequeña flor es asediada por un viento que arrecia.
Sin embargo, es en el cuerpo de las actrices donde el archivo deviene en teatro. Es la doble
fuerza de la actuación- la proyectada arriba en la pantalla y la de abajo sobre el escenario- la que
en un registro conmovedor que va in crescendo opera la magia de la presentificación. Es a través
de sus cuerpos que los espectadores podemos “tocar” la experiencia de aquellas, las del arte
inmenso atravesado por el dolor. Y es entonces cuando, en el final, la obra sufre un deslizamiento.
Son las actrices, ahora, las que se confiesan, irrumpiendo otro plano de lo autobiográfico que
adiciona sentido en una nueva dirección. La verdad de la confesión opera como un elemento
recursivo que se proyecta hacia atrás resignificando lo antes dicho. Y es allí donde la magia del
“convivio” sucede.
Elizabeth Arce

Ficha técnica
Actrices: Ayelén Dias Correia- Carolina Donnantuoni- Constanza Mosetti
Escenografía, iluminación y video: Hernán Arrese Igor
Vestuario: Julia Vázquez
Diseño, programa y fotografía: Gustavo Radice
Artista visual invitado: Franco Palazzo
Voz en off: Omar Musa
Dramaturgia y dirección: Gustavo Radice

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Elizabeth Arce es Profesora en Letras (UNLP), y actriz y bailarina. Integra el grupo de teatro Locus
Suspectus. Participó en las obras Diario de los otros, El bailetín y Ágrafos A/B, dirigidas por
Carolina Donnantuoni. También como intérprete en las obras de danza ’82, Anamnesis y Dos
manzanas cinco señora. Actualmente se desempeña como docente en instituciones de nivel
medio.

admin

junio 7th, 2019

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