Reseñas

Proyecto Cero: el almuerzo desnudo en Summertime.

Proyecto Cero: el almuerzo desnudo en Summertime.

por Gustavo Radice

“Cuando estés mal
Cuando estés solo.
Cuando ya estés cansado de llorar
No te olvides de mí
Porque sé que te puedo estimular.
Cuando me mires a los ojos
Y mi mirada esté en otro lugar
No te acerques a mí
Porque sé que te puedo lastimar.”
(De mi, Charly García)

Es increíble lo que se puede ver a través de una cámara fotográfica, la visión se agudiza y la percepción está en constante alerta. Empezar hablar de esta manera de Proyecto Cero tiene una razón y es la de haber asistido a la obra con la intención de fotografiar algunos momentos de la misma como un mero ejercicio visual. Esta idea cambio completamente mi punto de vista y sus posibles referencias y me vi obligado a ser un espectador perceptualmente activo. Con la vista agudizada esperando por “ese” momento de clímax que me permitiera sacar “esa toma”, sin darme cuenta estaba construyendo con la mirada una obra que, plagada de color, me sostenía en el límite. Una sensación de vértigo me sacudía la pierna, no me estaba dando cuenta de la velocidad que imponían los cuerpos en el espacio a mi percepción. Percibía la saturación del color como si estuviera en presencia de un cuadro pop de los auténticos sesentas, y automáticamente pensaba en la decadencia de la clase media encerrada en sus bastiones clasistas del consumo, hasta se podía llegar a sentir el calor de una tórrida noche de verano en un departamento en la ciudad. La soledad de la noche, las eternas preguntas existenciales típicas de la juventud sobre un existir vano, el sonido de la ropa de vinilo rozando al caminar, todo el artífico de una sociedad de consumo puesto en juego sobre una escena que va progresando en el caos. Los cuerpos transpirados que recitan textos imposibles en un tono de voz desgarrado de película intelectual de los años sesenta; o esos doblajes imposibles de oír de las películas argentinas de la década del setenta que carecían de sonido en vivo. La música que en clara referencia a la época beatnik sostiene una mezcla de Palito Ortega con esa generación que pregonaba la libertad sexual, el uso de las drogas y alguna cosa más que en este momento no importa, porque en definitiva Proyecto Cero es una construcción imaginaria que linkea la mente hacia posibles mundos otros. Imposible no ver el color, imposible no escuchar la música, imposible no ver los cuerpos, imposible no escuchar. Cuerpos que se mueven entre el aburrimiento y el deseo y, que como dice una frase en Cartografía del Deseo: “Este modo de pensamiento dominante reconoce que es correcto asumir que ‘la vida es muy difícil, que hay una serie de contradicciones y de dificultades’, pero su axioma básico es que el deseo sólo puede estar radicalmente separado de la realidad y que es inevitable elegir entre un principio de placer / principio de deseo y un principio de realidad / principio de eficiencia en lo real. La cuestión consiste en saber si no hay otra manera de ver y practicar las cosas, si no hay medios de fabricar otras realidades, otros referenciales, que no tengan esa posición castradora en relación con el deseo, que no atribuyan ese aura de vergüenza, ese clima de culpabilización que hace que el deseo sólo pueda insinuarse, infiltrarse secretamente, ser vivido en la clandestinidad, en la impotencia y en la represión.” Frese que cabe perfectamente a los cuerpos que se derriten en el espacio y los actantes que sostiene aquello que quiere licuarse.
A medida que la obra trascurre es inevitable no hacer referencia a la película La Terraza de Leopoldo Torre Nilson, quizás sea por ese Summertime que se canta una y otra vez, o por esa referencia a los sesenta, o por ser este grupo de jóvenes encerrados en sus departamentos/teatro que expresan su rebeldía contra el mismo discurso teatral canónico o contra una sociedad que intenta acallar las voces disidentes. O quizás sea esa sensación de calor lo que hace pensar en La Terraza, o esa impresión de decadencia que perturba la mirada a través del lente de la cámara. Tal vez hasta se encuentra una referencia en los dos cuerpos jóvenes que pelean, y todos viendo, nosotros viendo la violencia sin hacer nada. Hasta se hace irresistible la posibilidad de leer la obra en el contexto actual en el que estamos viviendo, ¿qué representa la derecha sino la decadencia misma de la clase media? Proyecto Cero le otorga color a una película en blanco y negro, si La Terraza se filmara hoy ¿debería tener la saturación del color de Proyecto Cero?
Celebro la posibilidad de que la “simple” percepción de un hecho artístico haga posible que la mente se dispare hacia todo el universo acumulado en la memoria. Qué otra posibilidad nos puede dar el teatro si no es la jugar con la memoria y hacer referencias con aquello que se ha visto y/o que se ha leído. Pero más allá de las posibilidades lúdicas del intelecto Proyecto Cero, a través de la cámara, también es la posibilidad de ver un mundo lleno de color, de calor y sonidos.
Uno de los personajes de La Terraza a través de un megáfono y desde un helicóptero les advierte a estos jóvenes encerrados en la terraza: “Las cosas se están yendo demasiado lejos, ahora se están jugando la vida, y para qué?” Así como los personajes de La Terraza responden a esa pregunta, también el equipo de trabajo de Proyecto Cero responde a ese para qué con una obra llena de ideas, estéticamente contundente, corporalmente erótica, visualmente saturada y teatralmente carnal.

admin

mayo 13th, 2019

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