Reseñas

Tan impulsivo como la indignación

Tan impulsivo como la indignación

Sobre el libro “Teatro del Vómito 2” de Carlos Hilbck*
por Kuky Basualdo

El vómito es, entre otras acepciones, un acto impulsivo de las entrañas del cuerpo. Sale el revuelto alojado en el estómago, en los intestinos, a contramano de lo natural, quemando en el esófago, en la garganta, dejando un gusto asqueroso en la boca. El teatro vomitado por Carlos Hilbck tampoco escapa a esa acepción de lo impulsivo, del revuelto a contramano, del ardor, del gusto difícil de cepillar.
Hay un aspecto que funciona como denominador común en los cuatro momentos, en las cuatro obras, en los cuatro vómitos relatados, y ese aspecto es el Estado.
El Estado no analizado de forma filosófica ni atravesado por la teoría política de la academia ni de la militancia. No como el estado de correlación de fuerzas disímiles, como una estructura en permanente disputa, aunque de alguna manera navega en esos sentidos.
El primer vómito: una alta figura del ambiente jurídico nacional denuncia al gobierno y, encerrado en su casa, pretende ser inmortal a partir de esa acción. Habla con todos los fantasmas que surgen entre línea y línea, entre los pensamientos que enhebra con un nerviosismo frenético que termina por enloquecerlo. Los destinos del país, y por ende del Estado, parecen decidirse en esa computadora, en esas manos que escriben y denuncian, en los deseos megalómanos de ese hombre jurídico, presionado por todas las grandes fuerzas que andan por sus sombras insensibles: “Mi corazón, qué palabra extraña para el mundo donde me muevo”, dice el personaje.
El segundo vómito: no suele analizarse el Estado en su dinámica diaria aunque sea la instancia que más exaspera -tal vez vomitivamente- a quienes lo transitamos como público: los pacientes o sus familiares en un hospital, los gestores de trámites varios, los demandantes judiciales. En todos, hay demoras, maltratos, gente que cobra-por-no-hacer-nada y enseña su repetición, que a su vez echan culpas y miran con desagrado a quienes están allá arriba. Esa es la mirada denostadora del Estado: Gasalla lo hizo con el personaje de su empleada pública, en plena extinción del Estado durante los ’90. Sobre estos rieles avanza este vómito: un pibe, hijo de carnicero, se forma para ganar un concurso en buena ley, pero todo está armado para que lo gane otra persona, que tiene arreglado a todos “los de arriba”, entrelazando charlas y discusiones con sus compañeros, los deseos de su padre carnicero, desesperaciones y frustraciones.
El tercer vómito: la disputa por el Estado entendida en una campaña electoral. “El partido de los chetos”, con un Candidato empresario y su esposa habitué de un spá, Juan, también candidato pero a concejal, que viene de una clase popular de la mano de su esposa, que pretende ser la amiga de la que va al spá y que a su vez se acuesta con el Candidato. Por último, las dos hermanas prostitutas de Juan que aparecen para recordarle su origen, su pasado. Y el Candidato en lo único que piensa es en qué imagen darle a los respetados votantes que no tienen memoria. Una puesta en escena del marketing que pretende ascender al gobierno a través de la guita, poniendo a los pobres como parte del decorado.
El cuarto vómito: es donde el Estado más brilla por su ausencia. Un barrio que “es un cementerio”, donde nada hay y nada parece funcionar, donde el sueño de quienes lo habitan es ser millonario, como única salvación a su vida pobre, porque el Estado ahí no acerca oportunidades de nada. Ludus que llega con el cartón ganador, Sebastiana y Ricardo que lo reciben en la agencia de lotería que no recibió cliente alguno desde que abrieron. Todos se quieren salvar y darían la vida por ese millonario cartón salvador.
Hilbck vomita y pretende, cada vez que lo hace, encontrar explícitamente la complicidad con el público. Detalla ciertos engranajes de humor (los tics de Juan, el candidato a concejal), lleva lo trágico hacia absurdos extremos (como una decapitación sobre un escritorio o un asesino que extraña a su madre), y pone en el centro de las tablas a los sentimientos y los pensamientos viscerales por sobre los decorados casi por completo secundarios, como una forma gráfica de dibujar esos vómitos impulsivos. Tan impulsivos como la indignación, otro sentimiento visceral, que surge al mirar el Estado como está, o como lo presenta, que tal vez servirá como puntapié para indagar, entender, mirar, analizar, reconstruir y transformar el Estado de estos tiempos por momentos tan repulsivos.

*Carlos Hilbck nació en 1969, creció y vive en La Plata. Trabaja desde muy joven en organismos públicos, es abogado y profesor en la Universidad Nacional de La Plata y en la Universidad Católica. Desde que puede recordar está ligado al teatro. Estudió en la Escuela de Teatro de La Plata, de la que egresó como actor escénico y participó de cursos y talleres con Norman Briski, Rafael Garzaniti, Omar Sánchez, Febe Chaves. Interesado también en la dramaturgia, realizó talleres con Alejandra Varela, Gastón Marioni y Mauricio Kartún, entre otros. A fines de 2014 publicó su primer volumen de dramaturgia, Teatro del Vómito. A partir de este libro surgieron dos talleres de investigación que actualmente coordina y la puesta de cuatro de sus obras por elencos de la ciudad, próximas a estrenarse. Se estrenó la obra “Perú” a fines de 2016 en simultaneo con el lanzamiento del Teatro del Vómito 2, con nuevo material.
La edición de ambos libros estuvo a cargo de Malisia Editorial.

admin

marzo 1st, 2017

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