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Toda cuchara puede ser potencialmente otra cosa

Toda cuchara puede ser potencialmente otra cosa

Sobre “Edipo” y “Electra” de Companhia Do Chapitô
por Rocío Bergé

Toda cuchara puede ser potencialmente otra cosa. Empecemos por ahí. De Edipo a Electra, se suman las cucharas. Hablo de la Companhia Do Chapitô (Portugal), a la que tuvimos el gustazo de recibir en el marco del ciclo internacional organizado por la Sala 420. En cuatro días, cuatro funciones: dos de Edipo y dos de Electra. Más allá de la irrelevancia de los números pares, lo que más llama la atención son esos tres cuerpos. La actuación no es una magia, no es un don. No creo en eso. Creo que es un entrenamiento muy preciso para hacer que todo fluya a través de un cuerpo hacia otro cuerpo y por el espacio. No tengo lecturas encima, no tengo manual. Hablo despojada, bastante despojada. Estos actores arman una puesta con tres cuerpos actorales. Son su escenografía, son todos los personajes que requieren (y otros anecdóticos también), son su ambientación sonora. Y son texto, y no en portugués, sino en un español que cualquier extranjero podría envidiar.
Edipo y Electra de “do Chapitô” son la primera y la segunda parte de una búsqueda. En Edipo el despojo es total. Y sostener ese despojo, implica una dinámica rigurosa, un ritmo sin descanso, para sostener un relato clásico sin caer en lugares comunes. Y, más bien, sacarle solemnidad a la tragedia, y que por omisión o exageración funcione el humor. Exponer el relato al presente, dejar desnudo su drama sin otra pretensión. Acá hay una hermosa pérdida de respeto por lo “clásico” y, en el mismo movimiento, una decisión de volver a hacer Edipo, de reafirmar su existencia. Pero entonces hay que ver qué Edipo y cómo.
Hombres y mujeres que son animales, que son monstruos, construcciones y ensambles corporales, coreografías poéticas que funcionan orgánicamente. Porque entonces trabajar con un relato vox populi, habilita un campo infinito de exploración donde no se pone en riesgo la preocupación por el “que se entienda”.
Tanto Edipo como Electra coinciden en su capacidad de síntesis. La poesía existe gracias a la síntesis. La poesía no se preocupa por el que se entienda, en un sentido occidental y moderno, directamente no se preocupa. Entonces, ponerse una cuchara en la nariz para hacer de cuenta, no requiere ninguna explicación. Es una metonimia. La parte por el todo. ¿Cómo elegir entonces qué partes de qué todo?
Ahí están los aciertos de la Compahia do Chapitô y una tremenda maquinaria corporal de ensamble.
Electra tiene una puesta llena de cucharas. Antes de comenzar me encandila la cabeza la existencia de una alfombra de cucharas. Me llega ese brillo en la oscuridad. Todo se va a desplegar.
Después esas cucharas son el universo de Electra, son piezas flexibles, partes de distintos todos, infinidad de posibilidades. El teatro solo actualiza algunas de esas posibilidades. Así es cómo crea poesía el cuerpo del actor, de la actriz. Así es como crea convención con cucharas, una convención propia para esa obra, para ese universo. Así es cómo nos encandila esa luz.

(Dedico este texto a la espectadora de al lado que dijo “no entiendo” cada cinco minutos durante toda la obra. Solo hay que dejarse encandilar, solo hay que dejarse llevar. La ansiedad mata al espectador. La ansiedad mata todo).

admin

septiembre 5th, 2016

1 Comment

One Comment

  1. Analia maifredini says:

    El trabajo actoral en Electra fue sencillamente brillante, preciso, innovador. Gracis a esos ACTORES , desprovistos de todo tipo de lescenografia, las cucharas lo fueron todo- versatiles participantes del relato: permitieron q veamos desde una guerra, hasta dos amantes haciendo el amor con pasion. Solo loas para un trabajo tan excelente y el agradecimiento profundo a la gente de Sala420 que trajo a nuestra ciudad un espectaculo digno de las grandes capitales del mundo!

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