Reseñas

“Una cajita”: escuchar, escucharse y hacerse escuchar

“Una cajita”: escuchar, escucharse y hacerse escuchar

Sobre “Una cajita dentro de un cuaderno”
Por Gustavo Rádice

“Una cajita” es un soplo de aire fresco, una suave caricia, así se podría definir el trabajo realizado por Alicia Durán. En todo momento evita caer en el desamparo y la crueldad y nos muestra un problema tan actual sobre el género desde un lugar lleno de poesía, que resulta inevitable pensar en Manuel Puig o en Néstor Perlongher; sus espíritus sobrevuelan durante toda la obra impregnando con su perfume al grupo de intérpretes.
La obra es una pequeña cajita que guarda una perla tan sueva y brillante que logra conmover. Con suma inteligencia, Alicia Duran compone un trabajo preciso, cargado de ternura que conmueve. En todo momento, Durán evita ser pedagógica o usar la moral a favor o en contra de, se escapa de todo dogmatismo, y es allí en donde yace la inteligencia de “Una cajita”, en que solo busca con-mover, en que nos movamos con. Escapa de la mirada masculina-patriarcal y compone un relato sobre las dificultades de responder al deber ser social sobre el género. Escuchar, escucharse y hacerse escuchar es la significancia que materializa el deseo, otro paso adelante para Alicia Duran, ya que sortea con eficacia el adentrarse en los intricados y complejos caminos sobre los discursos de género, y decide también visibilizar los caminos del deseo.
La obra nos muestra al deseo de forma descarnada, en carne viva, un deseo que no es urgencia ni es instinto; una concepción del deseo cercana a la benevolencia, un deseo plagado de perdón y comprensión, un deseo que se escapa del prejuicio: “Por qué seremos tan gozosas, tan gustosas / que no nos bastará el gesto airado del muchacho, / su curvada muñeca: / pretenderemos desollar su cuerpo / y extraer las secretas esponjas de la axila / tan denostadas, tan groseras. (Fragmento de “Porque seremos tan hermosas”, de Néstor Perlongher)
“Una cajita” acude al eco, a la reverberación de las voces que se repiten y que repiten pequeñas palabras que deberían grabarse en el alma y no en la mente; acude también a la superposición de voces; a la repetición de movimientos, todo parece circular pero siempre hay algo que rompe el círculo; y ese algo es el deseo. El deseo no se desoye, se enfrenta y se lo carga en los hombros. Hay quienes pueden con ello y, cigarrillo en boca, van enfrentando los prejuicios con la frente en alto y cantando una canción; y otros, mano en pecho, solo se esconden-escinden entre los prejuicios del deber ser. Alicia Durán construye “Una Cajita” muy cercana a la estética camp con pinceladas de melodrama, en donde la vinculación camp-genero se manifiestan como dupla para establecer un discurso estético con afinidad al discurso gay. La estética camp, como una variante estética del kitsch, le permite a la directora agenciar una problemática tan compleja como los discursos sobre el género (en sentido de gender como múltiples vía de la expresión de la sexualidad). José Amícola dice al respecto del camp: “La vuelta de tuerca camp se daría también en el hecho de mostrar la histeria justamente donde ella se ha manifestado tradicionalmente: el cuerpo femenino, pero ahora visto como una caricatura, donde en el plano discursivo lo que está en juego es el principio de realidad versus el principio de placer (así como una lucha agazapada contra la concepción de cierto realismo)” (en: Camp y posvanguardia. Manifestaciones culturales de un siglo fenecido).
Todo se entrama y encaja como un rompecabezas, por otro lado -y citando a Judith Butler- los personajes de “Una cajita” usan el habla como gesto performativo cuando, por ejemplo, al referirse al personaje de La Piru constantemente dicen: “Es un hombre”. En este enunciado se construye el acontecimiento, la autoconciencia del prejuicio sobre un deber ser de aquello que pertenece al orden de lo masculino y de aquello que pertenece al orden de lo femenino. Es en este uso del habla como gesto performativo donde la sociedad impone los imperativos heterosexuales, generando reglas heteronormativas.
En “Una cajita” son claros los procedimientos teatrales que utiliza la directora para componer una puesta en escena llena de teatro; hace hablar a “Una cajita”, también, de la maquinaria teatral. Una maquinaria que recurre a la imagen cinematográfica y a la imagen pictórica; que subvierte el texto dramático y construye un discurso plagado de vericuetos que, cual laberinto, adentra al espectador a los rincones del alma de esos personajes escindidos entre el deber ser y su deseo. Todo produce extrañamiento: ¿Quiénes hablan? ¿Quién narra? ¿Quién habla en el relato? ¿Qué dicen? ¿Por qué dicen? ¿Por qué cantan? ¿Por qué bailan? ¿Es función de la escucha revelarlo? ¿Quiénes escuchan? Cada personaje en “Una cajita” intenta escuchar-se-reflexionar sobre sí mismo y sobre el otro; es un intento de soltarse del discurso de quienes los rodean. “Una cajita” juega con los límites de la escucha, en donde los personajes se despojan de su voz y de sus palabras, para construir un constante auto-reproche proyectado hacia el otro. Se hablan a sí mismos, pero se escucha a otro: “Por qué tan quebradizas las ojeras, tan pajiza la ojeada / tan de reaparecer en los estanques donde hubimos de hundirnos / salpicando, chorreando la felonía de la vida / tan nauseabunda, tan errática.” (Fragmento de “Porque seremos tan hermosas”, de Néstor Perlongher)
En su trayecto narrativo el relato de “Una cajita” se va extrañando lentamente, comienza desnaturalizarse cada vez más; todo comienza a acelerarse hasta llegar al desenlace, en donde Alicia Durán nos muestra que el deber ser social es un relato construido a partir de la ficcionalización de las normas simbólicas de un estado patriarcal. “Por qué seremos tan sirenas, tan reinas / abroqueladas por los infinitos marasmos del romanticismo /tan lánguidas, tan magras.” (Fragmento de “Porque seremos tan hermosas”, de Néstor Perlongher)
Todo en “Una cajita” es una canción, es música, es ensoñación, es un tiempo pretérito que busca su camino en el presente; es constante transformación, es movimiento, es ritmo, es rebeldía y sobre todo es deseo incorruptible. Todo es suaves pinceladas de una rutina bañada de deseo.

FICHA TÉCNICA
Dirección y traducción teatral: Alicia Duran
Actúan: Maria Nazaria Cesini Eliana Di Francesco Fiorella Doglia Mariana Ercoli Adriana Llamazares Nahuel Ortiz Composición y ejecución musical: Noelia García y Rocío Martínez
Diseño coreográfico: Julieta Ranno
Diseño Escenográfico: Gabriela Díaz
Equipo de realización: Vanina Bengoechea, Pablo de la Fuente y Gabriela Díaz.
Diseño y realización de Vestuario: Julieta Iribe y Gabriela Díaz.
Diseño lumínico: Gabriela Díaz
Operación Técnica: Milagros Cesini
Producción: Eliana Di Francesco y Nahuel Ortiz
Imagen y fotografía: Adela Rafaghelli

admin

junio 25th, 2017

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